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La balada de Mark Hunt

En un deporte de súperhombres, hazañas físicas imposibles, exigencias
fuera de nuestra comprensión, está Mark Hunt. Vemos por el morbo, vemos
por buscar un sentido vicario de identificación, por disfrutar una
realidad que rebasa nuestra habilidad y comprensión, pero ahí está Mark
Hunt. Un tanque imbatible que no para, que siempre dispara, que no deja
de ver a su oponente, siempre retándolo con la mirada, engañándolo con
los pies, aceptando castigo con tal de tener la oportunidad de
infligirlo, siempre afectando la pelea, siempre logrando que nos
levantemos del asiento a gritar y vaciar los pulmones y, boquiabiertos,
lo veamos con admiración cuando después de un golpe su oponente está en
la lona y él, calmo, se da la vuelta y se aleja. No hay que perseguirlo a
la lona. No hay que hacer más daño. Todo terminó.

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